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Entre la ley y el disfrute: desafío de los derechos humanos en América Latina

  • Los derechos humanos no se pueden ejercer sin economía sólida y sin democratización

  • En México: no hay un terreno fértil. Es como sembrar maíz en el desierto (Valdés Ugalde)

  • En Ecuador: la institucionalización de los derechos no permea la vida cotidiana (Vázquez)

  • Uruguay: un suelo adecuado frente a institucionalización tardía (Ansolabehere)

  • Luis Daniel Vázquez introduce la discusión sobre los casos atípicos entre la institucionalización y el disfrute de los derechos humanos
Luis Daniel Vázquez introduce la discusión sobre los casos atípicos entre la institucionalización y el disfrute de los derechos humanos
Sat, 2017-04-22

Como parte del ciclo Los derechos humanos en tiempos de odio fueron presentados el pasado miércoles en la Flacso México los resultados de una investigación sobre la relación entre la institucionalización de los derechos humanos y su ejercicio efectivo en algunos países de América Latina.

Este trabajo es una continuación del libro Entre el pesimismo y la esperanza: Los derechos humanos en América Latina. Metodología para su estudio y medición, un ambicioso esfuerzo de la Flacso México para establecer en la región las relaciones entre las diferentes formas en que se ha institucionalizado la protección de los derechos humanos con la economía, la democracia y el efectivo ejercicio de estos derechos.

Este nuevo estudio parte de la hipótesis según la cual entre más institucionalización de los derechos humanos hay un mayor disfrute. La investigación, realizada en Ecuador, Uruguay y México, dio resultados contrarios. Mejor: atípicos, como lo demostraron Luis Daniel Vázquez, Karina Ansolabehere y Francisco Valdés Ugalde, investigadores de la Facultad.

Luis Daniel Vázquez presentó el caso ecuatoriano, en el que hay una alta institucionalización de los derechos humanos pero poco disfrute por la población. Para Vázquez esto puede deberse a que Ecuador ha pasado recientemente por largos procesos de inestabilidad política y una crisis económica muy profunda.

Y es que, explicó el especialista, “sin democratización y sin una economía sana no puede haber un ejercicio sano de los derechos humanos”. Si bien Ecuador es un ejemplo de incorporación de los derechos fundamentales a las leyes e instituciones, ha quedado aletargado en su implementación.

En sentido contrario se presenta el caso de Uruguay, país en el que existe un alto disfrute de los derechos y poca y tardía institucionalización. En ese país los derechos humanos están cimentados en dos pilares: instituciones de bienestar muy fuertes y un sólido Estado de Derecho concebido en sentido tradicional, argumentó la especialista Karina Ansolabehere.

“Uruguay tiene un piso fértil en materia democrática. Cuenta además con un movimiento sindical independiente y de izquierda que ha sido un actor fundamental en la demanda de derechos humanos. En materia económica, ha habido una evolución del salario mínimo y una mejora en el salario medio, además de una baja en los precios de los alimentos”.

Para Ansolabehere, Uruguay es un caso paradigmático, porque ha compatibilizado la tradición de igualdad distributiva con las nuevas demandas para el reconocimiento de la igualdad en otros planos en materia de género, niñez y juventud.

México, “el país donde todo es a medias”
El investigador y director de la Flacso México, Francisco Valdés Ugalde presentó los hallazgos para el caso mexicano: una institucionalización intermedia y un goce medio de los derechos humanos.

Valdés Ugalde explicó que a partir de los noventa hubo fuertes avances normativos que culminaron con la reforma del 2011 y con movilizaciones sociales, de recursos políticos y de políticas públicas en dirección a una mayor protección de los derechos.

Sin embargo “una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace”, puntualizó Valdés. Para él la explicación podría encontrarse en que “la cultura política mexicana está atada a las viejas estructuras funcionales del sistema hegemónico” en la que es típico pugnar por tener una constitución ejemplar pero que no puede llevarse a la práctica.

El especialista en Estado de Derecho y cultura de la legalidad señaló, además, que existe una inercia y resistencia por parte del Estado para liberar al poder judicial, resistencia que nace incluso en el propio poder judicial por estar muy arraigado a viejas tradiciones.

Una baja democratización y una economía poco consolidada, aunado a esta reincidencia generalizada en las malas prácticas hegemónicas son un terreno poco fértil para la institucionalización y el ejercicio de los derechos humanos en México: “es como sembrar maíz en el desierto”, apuntó Valdés.

Los mexicanos, ahondó, no saben a dónde acudir para recibir asesoría judicial de calidad, predomina entre los ciudadanos el “más vale un mal arreglo que un buen pleito” porque acudir al sistema de justicia genera desconfianza y significa que el más débil va a perder.

Para concluir con un ejemplo claro, el director de la Flacso México presentó una pirámide invertida en la que se observa que en México entre 2006 y 2014 hay 23 mil personas desaparecidas, 291 casos en manos de la justicia y tan sólo seis sentencias emitidas. “Esto nos da cuenta en un caso específico que la falta de acción del Estado mexicano es claramente patente”.

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Los resultados presentados en esta conferencia continuan la publicación Entre el pesimismo y la esperanza: Los derechos humanos en América Latina. Metodología para su estudio y medición y serán editados próximamente en forma de libro por la Flacso México.